¿Porqué es importante el Design Thinking?

“Hay un nuevo mundo luchando por nacer. Es un mundo de mayor creatividad, mayor propósito y mayor satisfacción. Ahora las organizaciones necesitan una clara cultura de innovación gracias a la cuál sus colaboradores puedan confiar en que sus esfuerzos serán apreciados y recompensados”.


Marty Neumeier

En 2011 escribí un libro motivado por la creciente ansiedad que me provocaba ver que las organizaciones seguían gestionando de la misma manera como lo hacían hace 100 años, en los albores de la revolución industrial. En aquellos años, y lamentablemente aún hasta nuestros días, se ponía especial énfasis en hacer eficiente la línea de ensamble. Todo el modelo de administración estaba estructurado en función de ignorar la moralidad, las emociones y la aspiración humana. Se trataba de un modelo diseñado para buscar el éxito a toda costa, principalmente logrando que otros perdieran (empleados, clientes y competidores). Por desgracia, hemos pasado muchos años dando sólo pequeños retoques a este mediocre concepto de éxito.

Quienes hemos emprendido y desarrollado negocios sabemos perfectamente cuáles han sido nuestras principales deficiencias: falta de colaboración, poca escucha de nuestros colaboradores, clientes, usuarios y competidores, etcétera. Todas ellas producto de creencias erróneas o parcialmente acertadas. Hemos errado cientos de veces. Sin duda hemos generado aprendizajes, mas por alguna razón prevalece el mismo y nocivo hábito de sobresalir a costa de opacar a los demás.

Surge entonces, gracias al consejo e impulso de un grupo de amigos y colegas muy queridos y respetados (mismos que conforman el Consejo Editorial de este ambicioso proyecto), la gran idea de editar una revista para compartir información sobre innovación. Pero no desde la retórica o desde los conceptos, sino desde la experiencia y el aprendizaje, que es fruto de la experimentación y de los errores cometidos en el campo de trabajo.

Por razones que iremos relatando en cada edición, hemos decidido que el tema central de esta revista sea la filosofía Design Thinking.

Nótese que no le llamamos “metodología”, porque consideramos que, a pesar de lo bueno que ha hecho la mercadotecnia por la difusión de esta nueva corriente de gestión, éste ha sido uno de los principales errores cometidos al tratar de revolucionar el mundo de los negocios: difundirlo como una receta de cocina, como una varita mágica para la solución de problemas complejos. Esto último gracias a las mentes obtusas, oportunistas y poco empíricas que lo han hecho ver así.

Paradójicamente, definir el concepto de Design Thinking no es un asunto simple. Digo paradójicamente porque en apariencia es demasiado simple. Sin embargo, su esencia y sus fundamentos provienen de conceptos mucho más profundos, mismos que por desgracia la mayoría de sus difusores (principalmente educadores y consultores) ignoran totalmente.

El Design Thinking trata acerca de negarse a aceptar la respuesta fácil, de imaginar nuevas posibilidades que no estaban sobre la mesa, y de realizar el prototipo de esas posibilidades para que puedan ser probadas en la práctica. Es la diferencia entre “decidir” el camino a seguir y “diseñar” el camino a seguir. Decidir sólo funciona en un mercado estable donde la innovación no es prioridad.

El Design Thinking tiene relevancia y es útil en cualquier área de la actividad humana, principalmente porque todo lo que hacemos como seres vivos pensantes sigue, de una u otra manera, los procedimientos del diseño. Todo lo que existe para facilitar la vida de las personas, incluyendo los servicios, las organizaciones y los países mismos, ha sido realizado, simple o complejamente, bajo las reglas del diseño. Surge entonces una pregunta obligada: ¿cómo es que la mayoría de las personas (me refiero a las que lo difunden) que han tomado el Design Thinking como un producto que ha levantado sus ventas y que los ha puesto en circulación nuevamente en el mundo de los negocios, son totalmente omisos y desinteresados en estas reglas?

Continuamente recibo comentarios sobre el Design Thinking que afirman que sólo es una metodología más y que no tiene tanta relevancia para la innovación, mucho menos para la generación de nuevos negocios. Esto me lleva a pensar que lo dicen por ignorancia, o porque sienten amenazada la estabilidad de su zona de confort.

Las aplicaciones del DT son relevantes también en los niveles más altos de la actividad humana, tales como: la estrategia de marca, la experiencia del cliente, el diseño organizacional, la toma de decisiones, lo modelos de negocio y la visión corporativa. Cuando se aplica el DT a estos retos, es posible obtener resultados superiores hasta los ahora obtenidos utilizando la mentalidad tradicional, ya obsoleta.

El Pensamiento de Diseño, correctamente aplicado, es capaz de crear el proceso y el vocabulario para una organización de diseño. Funciona gracias a cualidades puramente humanas como la empatía, la intuición, la imaginación y el idealismo, que a su vez nos conducen a enfocarnos de una manera honesta y profunda en las personas; nos conduce a la solución holística de problemas, a ideas innovadoras y a la consecución de una calidad extraordinaria.

La gran ventaja que ofrece adoptar una cultura de innovación basada en esta filosofía es la enorme agilidad que adquieren las organizaciones. El DT fomenta la autenticidad y la autonomía en las personas, misma que los lleva a colaborar de manera altruista; permite a toda organización maniobrar como una sola entidad, partiendo de principios simples, pero que crean comportamientos complejos, muy difíciles de imitar, pero fáciles de replicar por quienes los han creado.

Valgan estas breves observaciones para centrar el diálogo en torno a tan singular categoría del pensamiento y de la acción que vino al mundo de la innovación para quedarse.