La Estética de la Gestión

No soy un gran admirador del filósofo del siglo XIII Tomás de Aquino, pero debo admitir, cuando leí por primera vez Ad pulcritudenum trip requiruntur integritas, consonantia, claritas, yo estaba allí con él. En pocas palabras, él decía que la belleza necesita tres cualidades: la integridad, la armonía y el resplandor. La integridad es la cualidad de destacar claramente desde el fondo. La armonía es acerca de cómo las partes se relacionan con el todo. El resplandor se refiere al placer que sentimos cuando lo experimentamos. Y el lenguaje de la belleza, como lo conocemos desde Aristóteles, es la estética.

Pero, ¿qué tiene que ver la estética con los negocios del siglo XXI? ¿No murió con los Medici? ¿No está la belleza en el ojo del espectador? No tan rápido. Si el negocio hoy es sobre la creación de lazos emocionales con los clientes, entonces la estética es el superpegamento que los une a su marca. Cuando entiendes la integridad, puedes aumentar la diferenciación estratégica. Cuando entiendes la armonía, puedes optimizar la sinergia organizacional. Cuando entiendes resplandor, puedes potenciar la experiencia del cliente.

Probablemente ya tienes una comprensión inconsciente de los principios estéticos, pero puedes duplicar su eficacia empleándolos deliberada y hábilmente.

Algunos filósofos modernos creen que la belleza es universal, conectando nuestros sentidos con profundas mareas evolutivas. Otros dicen que es asociativa, sacando su poder de señales efímeras. Mi experiencia es que ambas posibilidades son reales. Hay formas, sonidos, olores, yuxtaposiciones y patrones que empujan nuestros botones emocionales sin importar quiénes somos, en donde vivimos o en qué creemos. Y hay otros que cambian con el punto de vista o la situación de cada persona. Las proporciones redondas de la cara de un bebé tienen un atractivo para todos nosotros, pero las proporciones redondas de VW Beetle sólo pueden atraer a los que pertenecen a la tribu Beetle. La persona que entiende ambos tipos de belleza es un aliado poderoso, especialmente cuando compite contra un campo de productos de mí-mismo, servicios ho-hum, y negocio como las compañías usuales…